Mucho más que una elección

La elección que acaba de transcurrir, genera para muchos la sensación que no se trata sólo de una votación ordinaria, sino que está en juego el rumbo definitivo del país, luego de un ciclo insatisfactorio, prolongado estancamiento económico, sensación de pérdida de sentido como nación, y generalizado desaliento que conduce como consecuencia obligada, a una alta abstención electoral.

Sus resultados, si bien no serán definitorios en vistas al futuro, constituyen un dato insoslayable respecto de la elección de octubre próximo.

El actual proceso electoral, en el cual la real competencia reside en la oposición, mostró algunas facetas distintivas:

* Una campaña de la que desertaron el Presidente y la Vicepresidente.

* Un candidato a presidente oficialista que es al mismo tiempo ministro de Economía de una sociedad en creciente crisis, donde el precio del dólar, ese eterno termómetro social, superó los 700 pesos, número que llevaría la devaluación del actual gobierno al 1000 por ciento desde que asumió.

* Economistas que ubican la inflación mensual de los próximos meses entre el 10 y el 12 por ciento.

* Un Gobierno en el que conviven, simultáneamente, el anticapitalismo liderado la vicepresidente y la versión capitalista encarnada (a veces ambivalentemente) por su actual candidato presidencial. 

* Alta abstención de una franja de la sociedad.

* Otro sector de votantes condicionados ya sea por el fanatismo político, alta ideologización, y/o por los mecanismos del aparato partidario/estatal conduciéndolos a las urnas.

* En la última semana, una oleada de asesinatos, testimoniando el crecimiento geométrico de la inseguridad y el narcotráfico, y que indudablemente influyó en la votación.

LOS RESULTADOS

Los votos arrojarían algunas primeras conclusiones:

* una espectacular elección de la derecha libertaria, constituyéndose en la sorpresa política de la jornada, y firme candidato a la presidencia

* derrota histórica del oficialismo, coherente con el estado deteriorado del país.

* en Juntos por el Cambio, que fue hasta ahora la principal oposición y que ha dejado de ser tal, un resultado global decepcionante, causado por su encarnizadalu cha interna, autodestructiva como se demostraría en la elección.

* continuidad de los magros resultados de los extremismos más radicalizados, ya sea de derecha como de la multiplicada y antipódica izquierda en sus distintas expresiones.

* alta abstención no diferente de las registradas en las recientes elecciones provinciales, ratificando un estado de ánimo social ya descripto.

Existe la posibilidad que el actual proceso político, que deberá confluir en las próximas elecciones generales, pueda ser el determinante  del final de una larga era: la del populismo, enquistado por décadas en las entrañas del poder político y del entramado social, formato que en esencia, se agotó. La economía que lo sustentaba, esto es el gasto público financiado con impuestos, llegó a un límite. Por ello, sus promesas sociales quedaron vacías de contenido y solo le queda la forma, es decir su dinámica de polarización política.

Siguió sobreviviendo en la Argentina su  insistencia, no ya en su redistribucionismo ni en sus insuficientes aportes a la inclusión social, sino la grieta, la creación de un eterno enemigo, su desprecio a las instituciones, su renuencia a la rendición de cuentas, y fundamentalmente la firme ideologización que lo ha convertido en dogma.

El estado calamitoso del país, hundido en una inflación galopante, los resultados electorales últimos, y la absoluta atomización del oficialismo gobernante, abonan con fuerza la idea que un cambio de época esta por sobrevenir, de características aún muy inciertas.

Lo concreto que los próximos largos meses hasta las elecciones generales a realizarse en el mes de octubre, será un larguísimo camino a transitar para todos los argentinos.