En busca de mejores aires

Si se intentara definir con simples palabras el clima general del país, éstas podrían ser desasosiego, cansancio, y también enfrentamientos.

Algunas evidencias:

– Hostilidad abierta y ostensible desde el Gobierno hacia la oposición.
– Niveles de ataque casi impúdicos por parte de personeros del oficialismo y de su prensa adicta contra la ciudad de Buenos Aires.
– Agresión abierta o larvada, desde el sector más a fin a la vicepresidente hacia el cada vez más debilitado remanente “albertismo”, que en realidad nunca habría llegado a existir como tal.
– Disensos en la coalición opositora, que a pesar de mantenerse inéditamente nucleados, intenta mantener y exhibir, hacia el exterior, aún sin total éxito en tal cometido, unidad en su accionar, especialmente en el plano parlamentario, tanto sea en el orden nacional, como en los ámbitos provinciales y consejos comunales.
– Ricos contra pobres: en el plano legislativo, proyectando medidas, especialmente impositivas, dirigidas a extraer de los sectores empresarios y poderosos, oxigeno para paliar el cuantioso déficit fiscal, tal como el mal llamado impuesto a la riqueza, el proyecto de restricción de disposición de tierras incendiadas, etc., así como diversas expresiones oficiales respecto a las usurpaciones de propiedades privadas.
– Manifestaciones multitudinarias de los llamados “movimientos” sociales, bloqueando cotidianamente calles, rutas y accesos vitales (ante la inentendible pasividad de las autoridades), con diversidad de reclamos para sumar a los ya cuantiosos aportes destinados a una masa millonaria de beneficiarios cuya única ocupación aparenta ser  la protesta.

El oficialismo continúa impertérrito con el relato oficial, en sus más diversas manifestaciones: publicidad paga, emisoras de radio y tv adictas, diarios claramente enrolados, etc.

Aunque faltan varios meses para las próximas elecciones legislativas, el discurso apunta a los votantes del oficialismo basado en su infaltable relato, más allá de las realidades.

Con esta lógica fue armado un ilusorio presupuesto nacional para 2021, con un déficit primario equivalente a 4,5% del PBI que, en los papeles, sería financiado en más de la mitad con emisión, augurio de una continuidad inflacionaria sostenida.

El presupuesto oficial prevé una inflación imposible -por lo baja- de 29% a pesar que el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) realizado a fines de octubre por el mismísimo Banco Central, estima para 2021 una suba cercana al 50% anual, mientras que consultoras independientes elevan esa estimación a cerca del 60% .

El desasosiego se incrementa con los inevitables anuncios de incrementos tarifarios para electricidad y gas natural, sin mayores precisiones, a pesar de lo cual se avecina la preocupante perspectiva que ante la falta de rentabilidad de las empresas prestatarias y la consecuente parálisis de inversiones en el sector, ya se advirtió a la población la  posibilidad de cortes de suministro, en el próximo verano.

La medicina prepaga, lo mismo que productos básicos de la canasta también agregan su dosis de combustible inflacionario, inevitable por la condición crítica y sin perspectiva del cuerpo económico y social.

En este contexto, la población, inerme, contempla, en el marco de una cuarentena irresuelta, la carencia de plan alguno, intentada mediatizar en la comunicación oficial, por oscilantes promesas de vacunas a llegar algún día.

Una vez más, el dólar, ese implacable testigo del drama argentino, ha mostrado la debilidad absoluta de la economía nacional. Ante una cotización inimaginable poco tiempo atrás, experimentó oscilaciones de enorme magnitud, que impiden cualquier intento serio de proyectar un horizonte económico, con razonabilidad. Lo que retroalimenta la virtual parálisis económica.

Clima de enfrentamientos múltiples, persistencia inflacionaria, carencia de planes y una pandemia que no ofrece aún certezas sobre su evolución futura, constituyen lamentablemente el escenario, más allá de las retóricas gubernamentales.

¿Será por eso que el consulado uruguayo se encuentra atiborrado de solicitudes de ciudadanos argentinos deseosos de un mejor modo de vida?

El futuro del país, el deber de la oposición

Pasaron las elecciones con un resultado conocido pero no menos apabullante. Y entre las múltiples notas a rescatar, resuena la frase del presidente Fernández en la noche del comicio, al decir “Algo no habremos hecho bien”.

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Lamentable campaña electoral

La anodina campaña electoral, que culminará el 12 de setiembre próximo en su primera etapa, se inserta en un estado de agobio, desencanto y desesperanza de una mayoría de argentinos.
Clara demostración de este estado de ánimo, lo constituye a diferencia de otros recientes actos electorales, la enorme cantidad de intentos fallidos de respuestas telefónicas positivas, según comentan las diferentes consultoras de opinión.

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Triste realidad y futuro inquietante

Caracterizar el estado de ánimo mayoritario de los argentinos, obliga a acudir a una serie de adjetivos simultáneos.

Agobio, cansancio, hastío, decepción, indignación, entre otros. No obstante, existe uno que puede describir con mayor fuerza el clima social: desaliento.

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